Año XII

nº VI

Abril 2007

                          

____________________________________________________________________________

 

 

 

 

 

Al norte de Tampa, noroeste del estado de  Florida (EE.UU.), se encuentra el tranquilo y acogedor pueblo de Crystal River, considerado como  el mejor lugar del mundo para ver a los apacibles manatíes en su hábitat natural, protegidos con esmero y decisión por ley, gracias a la creación del National Wildlife Refuge para estos animales en peligro de extinción.

Cerca de su desembocadura, en el Golfo de Méjico, Crystal River nos sorprende con unas hermosas lagunas, de un azul y transparencia increíbles, alimentadas por "los springs" (burbujas de agua caliente que emanan del fondo). Si bien el río es limpio y transparente, incluso en algunas zonas oscuro, las lagunas son algo mágico, con un paisaje que parece sacado de un cuento de hadas. Majestuosos árboles, cuyas ramas se sumergen en las cristalinas aguas, aprovechadas por los peces para su cobijo. Paraíso para los manatíes, al que acuden  a pasar el invierno en sus cálidas aguas termales, durante los meses de octubre a abril. Gustan de hábitats   poco profundos, con temperaturas que se mantengan por encima de los 20° C, y aunque suelen habitar en sitios con diferentes índices de salinidad, pueden vivir tanto en agua dulce, si se encuentra en ella suficiente reserva de alimentos, como en agua salada, si cerca existen manantiales submarinos, ríos o lagunas donde puedan beber.

Las costumbres de estos sirenios son bien conocidas por los habitantes de la zona, proliferando un gran número de centros de buceo, dedicados a las inmersiones con manatíes (siempre con snorkel). Las salidas organizadas para verlos, son a primera hora de la mañana, antes de que se adentren en el mar en busca de la flora que tanto les gusta. Después de este horario, es misión casi imposible convencer a los centros para una salida fuera de programa, ya que no es fácil encontrar manatíes durante el resto del día.

Coincidiendo con el matrimonio Braun, (fotógrafos de la National Geographic) que tenían que hacer ese mismo día un reportaje gráfico, conseguimos convencer a un experto guía para que nos llevara a los lugares elegidos, un señor encantador que nos mostró sin prisas las mejores zonas de Crystal River. En las maravillosas y claras lagunas no estaban los manatíes, los encontramos cerca de la desembocadura del río, donde las aguas no eran todo lo claras que hubiésemos  deseado; pero ahí estaban, en principio dos enormes y luego una madre con su cría, ¡fantástico tocarlos y jugar con ellos!. Me ha llamado la atención las algas que llevan en el lomo, los manatíes del parque temático Sea World de Orlando carecen de ellas. Tampoco las hemos observado en los manatíes que nos encontramos nadando plácidamente, por la playa cercana al Centro Espacial Kennedy (al este de la costa de Florida).  Ya de regreso al embarcadero, en el mar, nos acompañan dos delfines que se adelantan a la proa, y ya sin memoria en la tarjeta de mi cámara, una garza se posa sobre un poste que sobresale del agua,,con el fondo de un rojo atardecer, podría haber sido una hermosa fotografía...  ¡Que bello Crystal River!  

A los manatíes de Florida se les considera una especie distinta,  el sistema ITIS (Integrated Taxonomic Information  System) los considera como una sub-especie de la familia de las Trichechidae, género Trichechus,

Los manatíes son los únicos mamíferos totalmente herbívoros, consumen las partes vivas de una gran variedad de plantas acuáticas sumergidas, flotantes y emergidas, particularmente pastos marinos, (la hierba del manatí (Sysingodium filiforme), la hierba de tortuga (Thalassia testudinum) y algunos tipos de algas), ingiriendo del 4 al 10% de su peso corporal por día, algunos autores señalan que estos animales comen de 6 a 8 horas diariamente, sin tener preferencia por un horario definido. Su gran tamaño y costumbre alimentaria, les ha dado el sobrenombre de vacas marinas

Miden alrededor de 3,5 metros, la máxima longitud registrada es de 4.6 m. Su peso oscila entre los  400 a 600 Kg.  Su cuerpo en forma de grueso cilindro se estrecha en la cola, en forma de pala redonda  aplanada con la que se impulsa, usando como timón las aletas anteriores. La cabeza es de forma piramidal, carecen de cuello, por lo que se une directamente al tronco, siendo relativamente pequeña en comparación con el cuerpo. Los ojos son muy pequeños y carecen de párpados; sin embargo, poseen una delgada membrana translúcida que les permite ver mejor bajo el agua. Los orificios auditivos se encuentran situados detrás de los ojos y apenas son perceptibles.

La boca y dientes de los manatíes están adaptados para la vida herbívora. No tienen dientes frontales. Al igual que los elefantes, tienen 4 grupos de 6 a 8 molares. Al desgastarse el molar frontal por el masticado de plantas fibrosas y arena, se cae, ocupando su lugar  la pieza que se encuentra detrás, a la vez que comienza a brotar una nueva pieza de repuesto. Sin manos que los ayuden, es muy difícil llevarse la comida a la boca, para resolver este problema, los manatíes tienen un labio superior grande y partido, los lados derecho e izquierdo pueden moverse de manera independiente para mover la comida a su lugar. Detrás de los labios, hay unos parches llenos de bordes que resquebrajan los alimentos en piezas más pequeñas, antes de que los molares los trituren finalmente.  Emiten unos sonidos en tono alto parecidos a silbidos y chillidos. La comunicación es especialmente fuerte entre la madre y su cría,  manteniéndose en contacto unos con otros con distintos tonos.

Como todos los mamíferos, los manatíes respiran aire, debiendo subir a la superficie para renovar este. Mientras descansan, pueden permanecer hasta  20 minutos bajo el agua, pero cuando están activos, necesitan respirar cada 3 a 5 minutos. Las personas intercambiamos aproximadamente el 10% del aire en cada movimiento respiratorio normal. Cuando los manatíes respiran, intercambian hasta el 90% del aire de sus pulmones. Para hacer esto, exhalan muy fuerte cuando su nariz rompe la superficie del agua, esto hace que su oxigenación sea mayor, lo que permite al animal permanecer bajo el agua mas tiempo sin respirar. Los manatíes tienen también otras dos adaptaciones respiratorias especiales; sólo pueden respirar por la nariz, y ésta tiene unos pliegues especiales que se sellan cuando se sumergen. Generalmente se mueven de 4 a 8 Kilómetros por hora, pero cuando se asustan pueden nadar más rápido

La reproducción de los manatíes de Florida tiene un ciclo de 2 ó 5 años; el periodo de gestación es uno de los más largos, entre 385-400 días, pariendo una sola cría, que mide al nacer entre 90 a 120 centímetros de largo y pesando unos 35 kilos. La cría vive exclusivamente con la madre (aproximadamente 2 años) amamantándola  hasta que los dientes del pequeño manatíe son lo suficientemente fuertes para comer. Alcanzan la madurez sexual a los 10 años y tienen una longevidad  de hasta 60 años.

En una reciente publicación de la National Geographic, aparece un artículo concerniente a los estudios realizados por los biólogos Roger Reep y Diana Sarko, de la Universidad de Florida en Gainseville, sobre la capacidad sensorial de los manatíes, que sugieren que el sentido táctil de éstos es tan delicado, que los animales poseen un ‘‘tacto a distancia’’; la capacidad para ‘‘tocar’’ objetos y fenómenos más o menos lejanos a través del agua. Combinadas, las vellosidades táctiles forman una especie de aparato sensorial que, según los biólogos, tal vez permite que los manatíes detecten cambios en las corrientes, la temperatura del agua, e incluso la fuerza de la marea.

El año pasado, 86 manatíes murieron en Florida al chocar contra embarcaciones, la segunda tasa de mortalidad más alta que se haya publicado en ese sentido. Sarko sugiere que los manatíes evolucionaron para interpretar las fuerzas naturales de su ambiente, a lo largo de millones de años, pero quizá no están capacitados para percibir el peligro de elementos más modernos. La amenaza que representan las embarcaciones, agregó, ‘‘es un fenómeno evolutivo tan novedoso que quizá no han podido adaptarse aún a él’’.

No obstante, de acuerdo con Sarko, conforme las investigaciones revelen más sobre la capacidad de los manatíes, la comunidad científica podría colaborar con los esfuerzos de conservación para proteger mejor a los animales.

Además de los manatíes de Florida (Trichechus manatus latirostris,). El mapa muestra la distribución de las distintas especies que existen: Manatíe Antillano  (Trichechus manatus manatus), Caribe y Costa de Centro América. Manatíe del Oeste Africano (Trichechus senegalensis) África Oeste. Manatíe de Amazonas (Trichechus inunguis), Costa Amazónica. Dudongos (Dugong dugon), Océano Índico, Costa Este Africana, India, Asia y Norte de Australia

El manatíe era desconocido para Europa antes de 1492. La primera observación registrada de manatíes data del 9 de Enero de 1493. En el registro Nº 146 del libro de bitácora de Colón pone: "El día previo, cuando el Almirante fue al Río del Oro, vio tres sirenas que aparecieron en la superficie del mar; estas no eran hermosas como se pintan". Haciendo referencia a las míticas sirenas, a las que tantos escritores han recurrido, basándose la mayoría, en la mitología griega.  Los Marineros tienen fama de exagerar sus relatos. También se cuenta que cuando Hernán Cortés llegó a Méjico recibió las primeras referencias sobre el manatíe de Jerónimo Aguilar, quien sirvió de intérprete entre los indígenas mayas y los españoles.

Anthony Piccolo, profesor de literatura en la universidad del Colegio Manhattanville en Purchase, N.Y., dijo que Colón estaba condicionado mentalmente para ver sirenas, cuando vio, lo que la historia sostiene que eran manatíes. El folclore y los cuentos de los primeros viajeros tempranos, contienen sirenas en cantidad, y los viejos mapas del mundo conocido, incluyendo los que consultaba Colón, "estaban adornados siempre con sirenas y monstruos".

Realmente hay que tener mucha imaginación, para llegar a confundir un enorme y poco agraciado manatíe con una sirena, Las hipótesis de estas creencias, señalan a la imaginación de los marineros, al estar largos periodos de tiempo alejados de compañía femenina.

Bucear con tiburones es excitante, te pones en guardia al cien por cien, pendiente de cualquier movimiento extraño que te alerte de sus intenciones (adrenalina a tope). Bucear con delfines es fraternal y espectacular. Pero bucear con los manatíes es especial, único; son dóciles, juguetones,  se dejan acariciar, te acercan el hocico y parece que te quieran dar un beso, transmiten serenidad y placidez.  Una experiencia única que invita a repetir.

 

 

© www.escafandra.org

 

 

 

 

www.snorkel.net  

snorkel@snorkel.net

 

Av del Mar s/n 17211 LLAFRANC - Girona 

Teléfono: (+34)  972 302 716

 

PEDIDOS POR E-MAIl o TLF: 649996145

 

 

www.sotalaigua.com

informacion@sotalaigua.com  

 

 Hotel Pueblo Menorca Sant Lluís

07713 Puntaprima, (Menorca)

Teléfono: (+34)  971.159.070

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                 

    Clic a Inicio/Home

Presentación Historia Revistas Noticias de Interés Suscripciones CDs Promoción Publicidad Contacto Agenda Inicio Aviso Legal