Año XI

nº VI

Agosto 2006

                          

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Considerado como "archivo de indias" para los arqueólogos, por los innumerables datos que aporta al estudio del antiguo Imperio Romano

  

 

Muchas de las ánforas encontradas en los fondos del Mediterráneo tenían como destino final el Monte "TESTACCIO". Una colina a orillas del río  Tiber, en la zona sudeste de Roma, con una altura de 50 metros, 1.490 metros de perímetro y 22.000 metros cuadrados de superficie formada exclusivamente, por los restos de las ánforas en las que se transportaba por barco, el aceite desde sus lugares de origen hasta la Roma imperial.

El Monte TESTACCIO comenzó siendo un vertedero para ánforas en la antigua Roma, que una vez cumplían su misión de transporte eran desechadas. Se estima que su formación va del siglo I al III d.c. Permaneciendo en el olvido durante siglos, salvo escasas referencias, insuficientes para despertar la curiosidad por investigar la colina.

En 1872, el padre Luigi Bruzza y el científico italo-prusiano Heinrich Dressel, comienzan a estudiar el TESTACCIO.  Descubriendo que muchas de  las ánforas conservaban el sello e inscripciones pintadas tituli picti (obligatorias en su tiempo), como el peso de la mercancía,  procedencia, nombre del transportista, incluso el lugar del control fiscal.

Fue Dressel el primero en estudiar y descifrar estos datos, así como datar la época de la formación del monte. Descubrió  que la gran mayoría procedía de la Provincia Bética (Andalucía, España) y transportaban aceite de oliva. Creó una tabla tipológica de ánforas, agrupándolas  por su forma (hoy de referencia, muy conocida)

Los hallazgos de Dressel han puesto al descubierto entre otras cosas la economía de mercado de la antigua Roma, contribuyendo con nuevos e inéditos datos al conocimiento de la historia. Pero no fue hasta el año 1968 que este arduo estudio del TESTACCIO por parte de Dressel, recobra el interés de nuevos investigadores, al comprobar que otros estudios llevados a cabo en la Bética por George Bonsor  (contemporáneo de Dressel) sobre la fabricación de ánforas, podían estar relacionados.

Con estas nuevas referencias y las prospecciones realizadas en 1968 por el epigrafista Rodríguez Almeida, se pone en marcha en 1989, una ambiciosa campaña de excavaciones conjunta, en la que intervienen arqueólogos de las universidades de Madrid y Barcelona en colaboración con el Dipartamento di Scienze della Terra de la universidad de Roma, con la disponibilidad de modernos aparatos tecnológicos capaces de revelar a la ciencia, datos inéditos guardados durante siglos en las ánforas del Monte TESTACCIO, que unidos a los estudiados realizados en los pecios, de un gran número de naves de la época imperial, naufragadas a lo largo de las rutas que conectaban Roma con las provincias, ha permitido conocer además, sus características técnicas y la organización de sus cargas.

Después de diez años de investigación  se ha confirmado que el 80% de las ánforas que forman el TESTACCIO son Béticas, procedentes de Andalucía, Córdoba, Sevilla y Ézija. En ellas se transportaba el aceite de oliva para el consumo romano, Su forma globular las diferencia de cualquier otro tipo anfórico; diseñadas especialmente para el transporte marítimo, siendo muy resistentes y con gran capacidad,  con un peso de 30 kilos y una capacidad de 70 litros, la altura oscila entre los 70-80 cm. y cerca de 60 cm. de diámetro.  Dressel,  las catalogó con el nº 20 en su tabla tipológica,

El 17% procede del norte de África, de tipología muy diversa, ya que su fabricación se repartía en diversas provincias. Hasta ahora se han identificado ánforas de la Bizacena (formas Africana IA y B y Africana II), de la Tripolitania, (formas Tripolitana I II y III) y de la Mauritania Cesariense. El restante 3% corresponde a las ánforas Gálicas e Itálicas vinarias, así como algunas orientales. 

Entre los trabajos realizados, destaca el estudio geofísico, cuyos resultados dan a conocer las distintas épocas de acumulación de ánforas en una y otra parte del Monte, densidad del mismo etc. 

El resumen de los resultados de estos diez años de arduos trabajos arqueológicos, dirigidos por José Remesal, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Barcelona, pueden verse en permanente exposición por Internet, Web: www.ub.es/CEIPAC/ceipac.html

En declaraciones a diversos medios Remesal declaró, que en las excavaciones realizadas hasta ahora, sólo se ha estudiado la superficie y poco más, estimando que aún quedan 25 millones de ánforas, lo que equivaldría al abastecimiento de una población de un millón de habitantes durante 250 años consecutivos. Es tanta la información que se puede sacar del Monte TESTACCIO que podemos reconstruir la historia económica de la Bética y a través de ella la historia del Imperio Romano", comparando el hallazgo con el Archivo de Indias de Sevilla.

Siglos atrás el TESTACCIO, fue lugar de violentas celebraciones carnavalescas, unidas a las vendimias y ceremonias religiosas. En su cima una cruz recuerda  un Vía Crucis construido en su ladera, por la semejanza que tiene con el Calvario. Durante años fue utilizado su material como relleno de los fangosos caminos vecinales. Se han construido cuevas para almacenar  vino, ya que su interior conserva  una temperatura constante de 17ºC.

 

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