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Junio 2026 |
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Hallan, en el mar, un tejido 'inmortal' que se regenera continuamente a sí mismo
Contra todo pronóstico, porciones amputadas de un animal marino logran sobrevivir de forma autónoma, lo que abre una nueva era para la medicina regenerativa y el freno al envejecimiento
José
Manuel Nieves | En la
naturaleza, todo fragmento de
tejido separado de un organismo
complejo está condenado a una
rápida descomposición. Sin el
soporte vital de un sistema
circulatorio, nervioso o
digestivo general, las células
de la porción separada
simplemente mueren. Así ha sido
siempre, excepto en las páginas
de la ciencia ficción, desde la
reanimación con electricidad del
monstruo de Frankenstein hasta
la incombustible e independiente
mano 'Cosa' de la Familia Addams.
Pero ahora, esa idea acaba de
adquirir una base biológica real
y tangible, porque los
científicos han hallado una
criatura marina capaz de
mantener pedazos amputados de sí
misma vivos, sanando y creciendo
como si fueran 'zombis'
completamente autónomos.
El hito, liderado por
investigadores de la Memorial
University of Newfoundland de
Canadá, acaba de publicarse en 'Science
Advances'. En el estudio, en el
que también han participado
expertos del Bigelow Laboratory
for Ocean Sciences, se documenta
por primera vez en la historia
de la biología la supervivencia
a muy largo plazo (y el
crecimiento continuo) de un
tejido desechado fuera de un
entorno de laboratorio altamente
controlado y esterilizado. Las
implicaciones del hallazgo
prometen abrir una nueva
frontera en el campo de la
biomedicina.
El protagonista de esta asombrosa historia de supervivencia es Psolus fabricii, una especie de pepino de mar habituada a las frías aguas del Atlántico Norte. Es de sobra conocido por los biólogos que muchos equinodermos (el gran filo al que pertenecen las estrellas de mar, los erizos y las holoturias) exhiben un envejecimiento celular casi imperceptible y capacidades de regeneración formidables. Pero la norma natural dictaba que, una vez que el tejido se perdía o amputaba, terminaba pudriéndose en el lecho marino.
Pero todo cambió después de lo que la doctora Rachel Sipler, investigadora del Bigelow Laboratory y coautora del estudio, califica de «observación aguda». El equipo, de hecho, notó que unos tejidos desechados de la pata tubular de un pepino de mar no se habían descompuesto tras varias semanas de aislamiento. Al contrario, incomprensiblemente, la carne parecía estar creciendo.
Crecimiento incomprensible
Intrigados por el extraño fenómeno, los investigadores iniciaron una ambiciosa batería de experimentos. Primero, extrajeron partes de las patas, del cuerpo principal y de los tentáculos de tres individuos diferentes de Psolus fabricii, y los sumergieron en recipientes con agua de mar en constante flujo. Al no tener boca ni sistema digestivo, era imposible que esos tejidos 'sueltos' se alimentaran de forma tradicional. A pesar de lo cual, los investigadores hallaron evidencias claras de que las células se diversificaban, reorganizaban sus estructuras e incluso mostraban actividad inmunológica. Su estrategia para sobrevivir consistía en absorber directamente los aminoácidos disueltos en el agua.
A diferencia de los frágiles cultivos de laboratorio, este tejido sobrevive y prospera en agua de mar natural, un entorno estresante y repleto de bacterias
Para comprender lo que esto significa, conviene echar la vista atrás y repasar nuestros intentos anteriores de aislar y mantener células vivas. A mediados del siglo XX, la ciencia logró un avance fundamental con las famosas líneas celulares inmortales, como las células HeLa, que proliferan indefinidamente en placas de laboratorio. Sin embargo, para conseguirlo, requieren entornos impolutos, rigurosamente controlados y libres de cualquier bacteria u organismo externo. Además, esas células aisladas no sanan heridas, no se organizan en tejidos complejos ni tampoco se mueven.
Y en los océanos, el principal referente biológico de la eterna juventud es la célebre 'medusa inmortal' (Turritopsis dohrnii), un hidrozoo capaz de revertir su ciclo vital cuando envejece o sufre estrés, regresando a su estado de pólipo juvenil para empezar su vida desde cero, una y otra vez. El comportamiento del pepino de mar es totalmente distinto, aunque igual de desconcertante. Aquí no hablamos de un animal completo reiniciando su reloj interno, sino de un mero trozo de músculo y tejido conectivo amputado y que sobrevive por su cuenta.
Más de tres años
Los investigadores mantuvieron el tejido vivo e independiente durante más de tres años. De hecho, el tejido seguía completamente activo cuando detuvieron los experimentos para poder publicar el artículo científico.
«El agua de mar natural es casi el enfoque experimental con mayor diversidad microbiana y menos limpio que podríamos elegir -explica Rachel Sipler-. Sin embargo, ese entorno rico, lleno de bacterias y de toda esta materia orgánica, en realidad las estaba alimentando, permitiendo que ese tejido sanara y creciera. Aún no hemos conseguido un pepino de mar nuevo y completo, pero estamos viendo un crecimiento asombroso y una diversificación de células incluso años después de que se extrajera el tejido. Es como un lagarto que pierde su cola. Sabemos que a algunos lagartos les pueden crecer colas nuevas; de lo que hablamos aquí es de si a la cola le puede crecer un lagarto nuevo».
«Sabemos que a algunos lagartos les crecen colas nuevas; el desafío aquí es saber si a la cola le puede crecer un lagarto»
Por supuesto, el hallazgo tiene implicaciones prácticas que podríamos empezar a ver muy pronto. Si los científicos logran desentrañar los mecanismos moleculares que permiten a estas células marinas mantenerse jóvenes, regenerar sus heridas y defenderse de patógenos solo permaneciendo en el agua, se podrían aplicar esos secretos al desarrollo de terapias cicatrizantes y tratamientos antimicrobianos en humanos. Al mismo tiempo, el hallazgo proporciona a los laboratorios de todo el mundo un modelo biológico barato, robusto y exento de las estrictas limitaciones legales y éticas de las líneas celulares vertebradas o humanas.
ESCAFANDRA/abc
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